El comercio electrónico continúa ganando peso en España y transformando la manera en la que compramos, distribuimos y consumimos. Pero detrás de cada clic hay una cadena física que necesita recursos, infraestructuras, trabajadores, energía y transporte. 

La pregunta, por tanto, ya no es únicamente cuánto puede seguir creciendo el ecommerce. ¿Están nuestras ciudades, nuestras empresas y nuestros sistemas logísticos preparados para absorber ese crecimiento de una manera eficiente, sostenible y capaz de generar valor en el territorio?

Los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) muestran la dimensión del fenómeno. El comercio electrónico superó en España los 114.800 millones de euros de facturación en 2025, un 20,6 % más que el año anterior. Solo en el cuarto trimestre, la facturación alcanzó los 31.418 millones de euros, con más de 575 millones de transacciones, un 20,2 % más interanual.

El crecimiento es evidente. El desafío está en conseguir que cada una de esas operaciones genere también valor económico, social y ambiental.

Del clic a la puerta: el coste real de una compra online

El ecommerce ha cambiado las expectativas de los consumidores. La disponibilidad inmediata, la posibilidad de comparar precios y la entrega rápida se han convertido en elementos cada vez más importantes en la decisión de compra.

Pero esa comodidad tiene consecuencias.

Cada pedido implica almacenamiento, preparación, transporte, última milla y, en muchos casos, devoluciones. Cuando además se impone la entrega ultrarrápida como estándar, el sistema necesita responder con mayor frecuencia y menor margen de maniobra.

Es lo que el informe de CCOO sobre el sector de grandes almacenes identifica como una progresiva “amazonificación” de la logística: un modelo basado en la digitalización, la automatización y la reducción de los tiempos de entrega que está modificando tanto los procesos empresariales como las expectativas de los consumidores.

El problema no es el ecommerce en sí. El reto aparece cuando la velocidad se convierte en el principal indicador de eficiencia y se pierde de vista el conjunto del sistema.

Porque entregar antes no siempre significa entregar mejor.

La cara menos visible de la entrega inmediata

La transformación del comercio no solo está modificando cómo compramos. También está cambiando los modelos de distribución y el tejido económico y laboral que los sostiene.

La búsqueda de mayor velocidad, disponibilidad permanente y costes cada vez más ajustados está impulsando la digitalización y automatización de procesos, pero también plantea una cuestión: ¿qué empleo se transforma, qué actividad desaparece y cómo se reparte el valor generado?

Por eso, hablar de sostenibilidad en el ecommerce implica mirar más allá de las emisiones. También hay que tener en cuenta su impacto económico y social.

Vender más no es suficiente: hay que generar valor

El crecimiento del ecommerce es una muestra de la evolución de nuestros hábitos de consumo, pero vender más no debería ser el único indicador de éxito.

Detrás de cada compra online existe una cadena de producción, almacenamiento, transporte, distribución y empleo que genera impactos económicos, sociales y ambientales.

El reto está en conseguir que ese crecimiento se traduzca en más valor para las empresas y los territorios, empleo de calidad y una actividad logística cada vez más eficiente y sostenible.

Francia empieza a poner precio a algunos impactos del ecommerce

Este debate ya está empezando a trasladarse al ámbito regulatorio. Y Francia ofrece un ejemplo especialmente interesante.

El país ha experimentado en 2026 distintas iniciativas para abordar el impacto asociado a los pequeños envíos procedentes de fuera de la Unión Europea y, especialmente, al modelo de moda ultrarrápida.

En marzo entró en vigor una tasa nacional de 2 euros por artículo para determinados pequeños envíos de menos de 150 euros procedentes de países extracomunitarios. Posteriormente, Francia decidió renunciar a esta tasa nacional al comprobar que podía ser eludida mediante la entrada de los paquetes a través de otros países europeos, y optó por aplicar la tasa europea de 3 euros que entró en vigor en julio.

Pero el movimiento no se ha quedado ahí. Desde septiembre, Francia ha comenzado a aplicar nuevas medidas económicas dirigidas a la moda ultrarrápida, con cargos asociados a determinados productos y a su impacto ambiental.

Más allá de la medida concreta, el mensaje resulta significativo: el coste de un modelo de consumo no tiene por qué quedar completamente fuera del precio que paga el mercado.

Es un debate que previsiblemente seguirá creciendo en Europa: cómo conseguir que los impactos ambientales, sociales y económicos de determinados modelos de producción, distribución y consumo sean tenidos en cuenta.

El reto también está en las ciudades

El crecimiento del ecommerce tiene una consecuencia directa sobre el espacio urbano.

Más pedidos pueden traducirse en más movimientos de mercancías, más operaciones de última milla, mayor presión sobre las zonas de carga y descarga y una mayor necesidad de coordinar el transporte de mercancías con el resto de usos de la ciudad.

Por eso, la pregunta no debería ser si queremos más o menos ecommerce. La cuestión es cómo queremos que funcione.

Y aquí aparecen algunas soluciones que ya forman parte del camino hacia una distribución más eficiente:

  • Consolidar mercancías para evitar desplazamientos innecesarios.
  • Potenciar lockers y puntos de conveniencia que permitan agrupar entregas.
  • Optimizar las rutas mediante digitalización y datos.
  • Reducir las entregas fallidas y evitar desplazamientos adicionales.
  • Avanzar en la electrificación de flotas y en el uso de vehículos de bajas emisiones.
  • Integrar la logística urbana en la planificación de la movilidad de las ciudades.
  • Favorecer la colaboración público-privada para diseñar soluciones adaptadas a cada territorio.
  • Apostar por modelos que combinen eficiencia logística con empleo de calidad y generación de actividad local.

No existe una única solución. Cada ciudad, cada empresa y cada cadena de distribución tiene unas necesidades diferentes.

Pero sí existe una dirección clara: hacer más con menos desplazamientos, menos recursos y mayor valor generado.

Del ecommerce lineal al ecommerce circular y territorial

El debate también conecta con la transformación del comercio hacia modelos más circulares.

El sector textil ofrece un ejemplo especialmente relevante. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, el comercio minorista de ropa empleaba a 1.188.250 personas en la UE en 2023. Entre 2018 y 2023, el sector perdió más de 100.000 empleos y más de 30.000 establecimientos, en un proceso relacionado con cambios estructurales en los hábitos de consumo y con la digitalización del comercio.

Al mismo tiempo, la Agencia señala que las políticas vinculadas a la economía circular pueden generar nuevas oportunidades de empleo en actividades como la reparación, el ecodiseño, la logística o el comercio de segunda mano.

Esto abre una perspectiva diferente.

La transformación digital del comercio no tiene por qué limitarse a sustituir una forma de comprar por otra. Puede servir para construir nuevos modelos de negocio capaces de alargar la vida útil de los productos, facilitar su reparación y reutilización, optimizar los flujos logísticos y crear nuevas oportunidades de empleo.

Entregar mejor para crecer mejor

El ecommerce seguirá creciendo. Y probablemente lo hará acompañado de nuevas tecnologías, nuevos modelos de distribución y consumidores cada vez más acostumbrados a la inmediatez.

El reto no consiste en frenar esa evolución.

Consiste en conseguir que el crecimiento sea compatible con ciudades habitables, empresas competitivas, empleo de calidad y una reducción progresiva de los impactos ambientales.

Por eso, el verdadero indicador de éxito no debería ser únicamente cuántos pedidos somos capaces de vender o entregar.

Deberíamos preguntarnos:

¿Cuánto valor generamos con cada pedido?

Valor para el consumidor, pero también para la empresa, para los trabajadores, para las ciudades y para el territorio.

Porque si el ecommerce sigue creciendo, necesitamos que cada entrega sea progresivamente más eficiente, más sostenible y capaz de generar más valor allí donde se produce.

Ese es el verdadero reto de la última milla: no solo entregar más. Entregar mejor.

Y para avanzar hacia una distribución más eficiente y sostenible, la colaboración entre empresas, administraciones y agentes del sector es clave. Desde Movimiento Entrega Sostenible trabajamos para impulsar esta transformación y promover soluciones que permitan avanzar hacia una logística más sostenible, eficiente y generadora de valor.

¿Te sumas al movimiento?

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