En nombre de Empresas por la Movilidad Sostenible queremos expresar nuestro más sentido pesar y solidaridad con los familiares y afectados por los recientes accidentes ferroviarios en Adamuz y Gelida. Ante tragedias como estas, lo primero es reconocer el dolor humano que conlleva y rendir homenaje a quienes han perdido la vida o han resultado heridos. Nuestro respeto y apoyo están con todas las personas y comunidades que ahora afrontan el duelo.
Al mismo tiempo, creemos que es importante ofrecer una perspectiva informada y honesta, con datos, sobre el transporte ferroviario en su conjunto: el tren sigue siendo uno de los medios de transporte más seguros, y su uso debe seguir promovido, especialmente dentro del compromiso por una movilidad sostenible para toda la sociedad.
Seguridad ferroviaria en perspectiva
Los últimos datos oficiales reflejan que la siniestralidad en el transporte ferroviario en Europa sigue siendo baja en términos relativos. En 2024 se registraron 1 507 accidentes ferroviarios significativos en la Unión Europea, con 750 personas fallecidas y 548 gravemente heridas. Aunque cada cifra humana representa una pérdida, estos números reflejan una disminución de cerca de un 40% en las víctimas mortales desde 2010 y, sobre todo, muestran que la gran mayoría de las muertes (80%) no correspondieron a pasajeros, sino a personas en zonas no autorizadas o en pasos a nivel. Los pasajeros como tal supusieron en torno al 20% de los fallecidos en accidentes ferroviarios.
En esta línea, la comparación entre modos de transporte es esclarecedora: el tren se sitúa entre los medios más seguros por pasajero-km recorridos, con tasas de fatalidad muy por debajo de las de los coches particulares. Por ejemplo, el riesgo de muerte para un pasajero ferroviario se sitúa en torno a 0,09 fallecidos por cada mil millones de pasajeros-km y es más de 25 veces inferior al de los ocupantes de coches. Además, en 2024 hubo casi 20.000 muertes en accidentes de tráfico en carretera en la UE, una cifra que supera con creces las muertes en accidentes ferroviarios, reflejando que la carretera sigue siendo el modo con mayor siniestralidad.
Movilidad sostenible: tren y avión, clima y elección social
Dentro del marco de la movilidad sostenible, el tren no solo es seguro, sino también altamente eficiente ambientalmente. Según datos de Renfe publicados en un reciente reportaje en El País, en siete grandes corredores ferroviarios el tren está superando al avión en cuota de mercado, lo que ha permitido ahorrar emisiones equivalentes a 250 000 coches circulando durante un año, con un ahorro de más de 512 926 toneladas de CO₂ anuales. En este mismo reportaje, May López, portavoz de Empresas por la Movilidad Sostenible, también insistía en esta idea. “El tren es el modo de transporte más ecológico, porque evita emisiones de CO₂ y partículas en suspensión. Es al menos ocho veces menos contaminante que el transporte aéreo. Un vuelo de 600 kilómetros genera unos 165 kilos de CO₂. Cada vez que quitamos esos vuelos reducimos el CO₂”.
Esta superioridad ecológica es uno de los motivos por los que iniciativas de sostenibilidad empresarial integran el tren en sus compromisos. Por ejemplo, L’Oréal, como parte de su campaña El Pacto —de la que Empresas por la Movilidad Sostenible es socio fundador— promueve sustituir viajes en avión de corta duración por viajes en tren siempre que sea posible. Para ello, pone de ejemplo el ahorro en emisiones en un viaje Madrid-Barcelona, (600 kilómetros) al pasar de emitir 165 kg de CO2 por pasajero en avión a 20 kg de CO2 por pasajero en tren. En esta campaña también se fomenta que en los desplazamientos cotidianos se use el transporte público en general, la bicicleta o se vaya a pie, reforzando así la movilidad sostenible integral.
Políticas públicas: impulso al tren y a la movilidad verde
La apuesta por la movilidad sostenible no es solo empresarial o ciudadana, sino también política.
En este sentido, la UE tiene como objetivo duplicar el tráfico ferroviario de alta velocidad para 2030 y triplicarlo para el 2050, tomando como referencia el 2020, además de duplicar el tráfico de trenes de mercancías para 2050,
En España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030 marca objetivos climáticos consistentes con la transición ecológica, como una reducción del 32 % de emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990 y una mayor penetración de renovables y eficiencia energética para 2030 que nos permita reducir hasta el 50% la nuestra dependencia energética del exterior para fortalecer la autonomía energética nacional. Estas metas solo se pueden alcanzar si el sector transporte avanza decididamente hacia modos más limpios, como el tren y otras formas de movilidad sostenible.
Además, iniciativas recientes del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible buscan facilitar y abaratar el uso de transporte sostenible: el Abono Único, con tarifas planas desde 60 € al mes (30 € para jóvenes hasta 26 años), permite viajar en autobús y tren por todo el territorio, haciendo la movilidad limpia más accesible.
Intermodalidad: diversidad de soluciones para una movilidad fuerte
Por último, queremos destacar la idea de que una movilidad sostenible completa no depende exclusivamente del tren. La intermodalidad —la convivencia fluida de autobús, tren, bicicleta, coche compartido y otras soluciones— es esencial para aumentar la resiliencia y flexibilidad de nuestras opciones de transporte e impulsar una movilidad sostenible real. También este enfoque integrado es clave para garantizar que cuando un modo falla o está saturado, el sistema completo sigue funcionando. Un gran ejemplo de este enfoque es la gran reacción que tuvo ALSA, que como compartió Francisco Iglesias, su Consejero Delegado, desde el momento en que tuvieron conocimiento del accidente de Adamuz, pusieron sus equipos a disposición de los operadores y autoridades para colaborar y cubrir las necesidades de transporte alternativo.
Así, las tragedias de Adamuz y Gelida nos recuerdan que ningún sistema es infalible y que siempre hay que trabajar por mejorar la seguridad y la calidad de las infraestructuras. Pero los datos y las políticas muestran claramente que el tren sigue siendo una de las formas de movilidad más seguras, accesibles, sostenibles y eficaces disponibles. Además, apostar por un tren de calidad no solo mejora la movilidad, sino que es también una poderosa herramienta de atracción turística y de proyección internacional. No en vano, durante años, España fue referente ferroviario y esa excelencia contribuyó a construir una marca país asociada a la tecnología, la innovación y el talento. Por eso, debemos seguir apostando por él como pilar de una movilidad que reduzca emisiones, conecte ciudades y regiones, y ofrezca a las personas alternativas reales al transporte privado contaminante, al mismo tiempo que fortalezca la estrategia energética y económica y la competitividad global, tanto de España como de la UE.
La movilidad sostenible es una apuesta a largo plazo —impulsada por empresas, administraciones y ciudadanos— y el tren es, y seguirá siendo, uno de sus ejes principales.