Los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), que surgieron en 2015 con el fin de asegurar un mundo más justo y sostenible para toda la población mundial, tienen hasta 2030 varias ambiciosas metas que deben alcanzarse: educación de calidad, hambre cero, vida de ecosistemas terrestres, etc.

En estos cuatro años que han pasado desde su aprobación por todos los líderes mundiales, los ODS se han convertido en una guía fundamental en la agenda de las Naciones Unidas.

Y en los 17 Objetivos que conforman la guía, la movilidad es eje transversal. Por elegir un ejemplo, no hay educación garantizada si no aseguramos que niños y niñas de todo el mundo puedan desplazarse al colegio de manera segura.

Y, en concreto, la movilidad urbana es una de estas 17 líneas a seguir marcadas por la organización internacional. En concreto, en el Objetivo 11: CIUDADES Y COMUNIDADES SOSTENIBLES.

El papel de la movilidad en los ODS

La movilidad es un objetivo transversal, necesaria para la consecución de muchos de los Objetivos ODS. Las ciudades han experimentado un crecimiento en extensión y población sin precedentes. En 2015, 4000 millones de personas vivían en ciudades y se prevé que para 2030 aumente hasta los 5000 millones. Por tanto, una planificación en la movilidad de sus habitantes se hace imprescindible para que nuestras ciudades sean sostenibles y habitables y, como apunta Naciones Unidas, «inclusivas, seguras y resilientes».

Los ciudadanos se desplazan continuamente: por ocio y por trabajo. Empresas y gobiernos locales son cada vez más conscientes de su papel e implementan iniciativas, ordenanzas y proyectos públicos y privados para hacer estos desplazamientos más sostenibles. Por ejemplo, el proyecto europeo de gestión de residuos urbanos para su conversión en combustible que la UE ha llevado a cabo junto a empresas españolas como SEAT y FCC y del que ya hablamos en un anterior post. Por otro lado, ciudades como Madrid y su proyecto MadridCentral se unen a otras urbes europeas en las restricciones al diesel: Londres, París, Roma, Berlín y Estocolmo, entre otras, ya están sumando para conseguir alcanzar las metas que se proponen para el 2030.

Desde 2016, el 90% de los habitantes de las ciudades ha respirado aire que no cumplía las normas de seguridad establecidas por la Organización Mundial de la Salud, lo que provocó un total de 4,2 millones de muertes (datos de la OMS).

Una deficiente planificación urbanística puede afectar a la salud de sus ciudadanos, a los comercios y empresas. Una ciudad interconectada de forma sostenible y eficiente mejora todos estos aspectos. Y este es el ambicioso proyecto que Naciones Unidas se ha propuesto con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Como dice WWF en una de sus últimas campañas: «No podemos permitirnos un aumento de la temperatura media global de más de 1,5ºC» y la movilidad sostenible urbana tiene mucho que aportar.

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Fuente: ODS y PNUMA (Naciones Unidas) y OMS (Organización Mundial de la Salud)ANFAC

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