La descarbonización del transporte no es a coste cero. Requiere de una inversión en mayor o menor medida, por lo que la gestión del cambio se vuelve un proceso esencial para facilitar y asegurar el éxito.

Y es que existen diferentes barreras en este proceso de descarbonización, como es el caso de la resistencia al cambio, que ha de superarse promoviendo una mentalidad abierta y dispuesta a adoptar nuevas tecnologías y prácticas más sostenibles, todo ello acompañado de herramientas que faciliten vencer dicha resistencia.

Además, si bien la electrificación de los turismos comienza a ser una realidad, los mensajes excesivamente positivos sobre las nuevas tecnologías, que hacen pensar que la electrificación de los vehículos pesados es en la actualidad o a corto medio plazo asequible y accesible en todos los sentidos, dificultan el cumplimiento de objetivos intermedios al eliminar cualquier otra alternativa viable hoy en día. Porque aunque tenemos como objetivo la reducción del 90 % de las emisiones del transporte para el 2050, no debemos de olvidar que existe un objetivo intermedio de reducción del 55 % para el 2030. De hecho, el que el la Real Decreto-ley 24/2021, de 2 de noviembre para la promoción de vehículos de transporte por carretera limpios y energéticamente eficientes establecido a raíz de la Directiva (UE) 2019/1161 de vehículos limpios, se establezca un objetivo de que el 10 % de los camiones en la compra pública sean de bajas emisiones, aumentando a un 14% a partir de 2026, indica que para este tipo de vehículos “la velocidad en la descarbonización” es otra. Es por ello que debemos evitar mensajes radicales que pueden bloquear la toma de decisión a alternativas intermedias que también contribuyen a la reducción de emisiones y que facilitan el cumplimiento de los objetivos intermedios.

Porque a día de hoy existe un gran desconocimiento sobre las soluciones (directas e indirectas) existentes en el mercado que permiten alcanzar la descarbonización del transporte, todas las acciones necesarias a tener en cuenta de cara a facilitar el cambio, así como de la identificación de los responsables (tanto del sector público como privado) encargados de llevar a cabo dicho cambio, lo que dificulta su formación y asesoramiento. 

Por ello, si queremos generar cambios, debemos de informar a todos los grupos de interés del motivo del cambio basándonos en datos y en la ciencia, en qué les afecta – tanto positiva como negativamente- qué iniciativas o soluciones existen en base a las necesidades a cubrir (fomentando un mayor conocimiento en las distintos modos y también soluciones energéticas, incluyendo los combustibles renovables para vehículos industriales) y a cuales de ellas puede contribuir de forma directa, ampliando una mayor conciencia ecológica y un mayor compromiso con la sostenibilidad de la sociedad civil, empresas y gobiernos (a todos los niveles), evitando mensajes catastrofistas o contradictorios que generen desconfianza y parálisis.

A nivel interno se deben trasladar mensajes coherentes desde la dirección e implicar a todo el personal a lo largo de la cadena de valor de los que se dependa para alcanzar la descarbonización, incluido proveedores de reparto subcontratados. Una medida que permitirá anticiparse a la reciente aprobación de la directiva europea sobre diligencia debida de las empresas en materia de sostenibilidad por parte del Parlamento Europeo, que establece la obligatoriedad de crear planes de transición encaminados a combatir el cambio climático, y reportar acerca de sus actividades y políticas a nivel interno y a lo largo de sus cadenas de suministro, con riesgo de multas de hasta el 5 % de los ingresos en caso de incumplimiento. El establecer un objetivo económico variable a los equipos vinculado a la sostenibilidad, son herramientas que ayudarán a trasladar los compromisos de manera más directa y vinculante.

Respecto al conductor, su formación sobre las distintas tecnologías y soluciones reales disponibles en el mercado en base a sus necesidades -incluyendo el uso de los combustibles renovables para vehículos industriales, además de la formación sobre conducción, repostaje y mantenimiento de los vehículos que utilizan nuevas tecnologías- ayuda a la gestión del cambio, a un aumento de la eficiencia y, con ello, una mayor reducción de emisiones. Los conductores que ya utilizan vehículos alternativos son más reacios a volver a modelos tradicionales, por la reducción/eliminación de ruido, de vibraciones, reducción de costes de explotación,… compartir su experiencia es una oportunidad para convertirlos en embajadores de la organización que promueven el cambio hacia sus homólogos.

En definitiva, es fundamental ofrecer a los usuarios un correcto asesoramiento durante todo el proceso para facilitar y garantizar una adecuada transición hacia la movilidad sostenible, tanto de empresas como de particulares. Así ha quedado recogido en el White Paper del ‘Think Tank EMS: Hacia la descarbonización de las flotas corporativas’, celebrado con el apoyo de Bridgestone y en el que han colaborado expertos de organizaciones referentes como Alimerka, Lodisna, Etecnic, Repsol, Nacex, Webfleet, Sesé, Northgate, Disfrimur y MITECO; y con este objetivo trabajamos continuamente desde Empresas por la Movilidad Sostenible.

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