Los ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea han dado luz verde a una reforma histórica de la Ley Europea del Clima, estableciendo un objetivo vinculante de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90 % para 2040 respecto a los niveles de 1990. La novedad clave de esta reforma es que, por primera vez, se introduce flexibilidad en cómo alcanzar ese objetivo.

 

Objetivo vinculante, flexibilidades y objetivos intermedios

El objetivo del 90 % es vinculante: la UE debe alcanzarlo sí o sí. Sin embargo, la reforma introduce flexibilidad para conseguirlo. Por ejemplo, si los países miembros no logran reducir todas sus emisiones directamente, podrán compensar parte del déficit mediante créditos de carbono internacionales “de alta calidad”, que se podrán usar para neutralizar hasta un 5 % de las emisiones.

En la práctica, esto significa que si un país reduce un 85 % de sus emisiones y necesita cubrir el 5 % restante, podrá hacerlo mediante créditos de compensación hasta alcanzar el objetivo final del 90 %. Si no se alcanza, tendrá que comprar créditos de carbono año tras año hasta cumplir el objetivo.
Además, se introducen objetivos intermedios, por ejemplo para 2035, que ayudan a marcar un camino gradual entre el objetivo del 55 % para 2030 y la neutralidad climática de 2050. Estos objetivos intermedios permiten evaluar avances cada dos años, ajustando las medidas según datos científicos, desarrollo tecnológico y la evolución de la competitividad europea.

 

Avances en la regulación del transporte y la energía

La reforma también reconoce el papel de los combustibles sin emisiones y de bajas emisiones de carbono en la descarbonización del transporte por carretera más allá de 2030. Además, se confirma un retraso hasta 2028 del ETS2, el sistema de comercio de emisiones que obliga a edificios y transporte por carretera a pagar por cada tonelada de CO₂ que emitan, incentivando la transición hacia alternativas más limpias.

 

Compromiso internacional de la UE

La reforma incluye la aprobación de la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de la UE, presentada ante la ONU en febrero de 2025. Esto consolida la posición de la Unión como actor clave en la reducción de emisiones y envía una señal clara de ambición climática al mundo.

 

La urgencia de actuar

Durante la última década, las concentraciones de CO₂ han aumentado más del 5 %, alcanzando 422 ppm en 2024, mientras que las concentraciones de metano han subido un 5,33 % hasta 1901 ppb. La mayor parte de las emisiones proviene de los combustibles fósiles, que representan casi el 75 % del total, y fenómenos como los incendios forestales liberaron más de 1.300 megatoneladas de carbono en 2025.

Estos datos muestran que, pese a los esfuerzos pasados, la presión sobre los ecosistemas y la salud humana sigue creciendo, haciendo que la meta del 90 % no sea solo deseable, sino crucial para limitar los impactos del cambio climático.

 

Así, la reforma de la Ley Europea del Clima representa un punto de inflexión para la política climática europea, combinando objetivos ambiciosos con mecanismos de flexibilidad que permiten a los Estados miembros cumplir sus metas de manera eficiente. Esta combinación de medidas marca un camino realista y eficiente hacia una economía más limpia, sostenible y resiliente.

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