Autores: Iván Ortiz, director de ingeniería en ETECNIC, y Jorge Ríos, CEO de ETECNIC
En 2025 la movilidad eléctrica en España atraviesa un momento crucial. Las matriculaciones de vehículos electrificados se han disparado: según los últimos datos públicos, en agosto se vendieron más de 16.000 vehículos electrificados en nuestro país, lo que supone un 144 % más que el año anterior y deja un registro llamativo: uno de cada cuatro turismos que se venden ya lleva enchufe. Si miramos la infraestructura de recarga, los datos no se quedan atrás. La red pública ha dejado de ser un complemento y se ha convertido en un servicio esencial que permite viajes de media y larga distancia con la misma naturalidad con que hoy repostamos en una gasolinera. Tras analizar en Etecnic los diez últimos años de recarga pública a través de nuestra plataforma, se dibujan tres grandes tendencias que explican esta fase de madurez: la consolidación del mercado, la diversificación tecnológica y cambios profundos en los hábitos de los usuarios.
Hasta hace unos años, disponer de un punto de carga público era poco más que una rareza. Hoy son omnipresentes en centros urbanos, carreteras secundarias y autopistas. El número de equipos operativos ha crecido de forma casi exponencial. Si se compara la cifra de 2021 con la de 2025, la red se ha multiplicado por quince: de apenas un puñado de cargadores semirrápidos a una extensa red que da servicio a vehículos de toda clase.
Imagen 1 y 2. Derecha: Cargadores nuevos por año y tipo. Izquierda: Energía suministrada por año y tipo.
Ese crecimiento no se ha limitado a los equipos: el número de sesiones de recarga se ha triplicado en el mismo periodo y la energía suministrada se ha multiplicado por cuatro.
Las tasas interanuales muestran cómo la expansión se aceleró durante 2022 y 2023, con incrementos superiores al 100 %, y empieza a moderarse en 2024 y 2025. Esta desaceleración es un síntoma saludable: el mercado se acerca a la madurez, no por falta de demanda, sino porque las redes existentes empiezan a cubrir de forma efectiva las necesidades de los conductores. Ese crecimiento sostenido ha permitido que la recarga pública deje de depender de instalaciones improvisadas. La gestión de la infraestructura es más profesional, los tiempos de inactividad se reducen y el mantenimiento se entiende como un servicio crítico. La consolidación también se observa en la resiliencia: cada vez que un evento extraordinario provoca picos de demanda —una operación salida o un puente largo—, la red es capaz de absorber el flujo de vehículos eléctricos sin colapsar.
El segundo gran cambio es la diversidad de tecnologías. Durante años, la recarga semirrápida (en corriente alterna) acaparó la atención, pero en los dos últimos años se ha producido una explosión de puntos de recarga rápida y, en menor medida, ultrarrápida. El número de cargadores rápidos se ha multiplicado por ocho desde 2021, y aunque representan alrededor del 13 % del total, gestionan casi una cuarta parte de la energía suministrada. En los corredores estratégicos, los supercargadores de alta potencia ya permiten recuperar más de 250 kilómetros de autonomía en menos de 15 minutos, algo impensable hace cinco años. El número de cargadores ultrarrápidos es todavía pequeño —apenas apareció en los datos en 2022—, pero la energía que suministran crece a ritmos de dos dígitos.

Imagen 3. Fotografía de la estación de recarga en el CC La Morea, ejecutada por ETECNIC. Con cargadores semirrápidos y ultrarrápidos combinados.
Esta diversificación no obedece sólo a un impulso tecnológico. Es una respuesta a la heterogeneidad de los vehículos y a las demandas de los usuarios. Para un utilitario urbano, recargar 25 kWh en corriente alterna sigue siendo una opción óptima. Para un conductor que viaja de Barcelona a Sevilla, la recarga ultrarrápida es la diferencia entre un viaje cómodo y una odisea. La convivencia de distintas tecnologías obliga a repensar la planificación: ¿cómo distribuir la inversión entre cargadores rápidos y ultrarrápidos?
La última tendencia tiene que ver con el comportamiento de los usuarios. Los datos muestran que la energía media dispensada en cada recarga aumenta en todas las tecnologías. En la recarga semirrápida, la energía por sesión se ha triplicado desde 2016. En la recarga rápida, se ha multiplicado por más de tres, y en la ultrarrápida, cada sesión ya suministra de media alrededor de 25 kWh, el equivalente a una recarga parcial de un turismo eléctrico. Este aumento refleja varios fenómenos: las autonomías de los vehículos han crecido, los usuarios planifican viajes más largos y se detienen menos veces, y la confianza en la red pública es mayor. En 2019 era habitual que un conductor entrara en pánico por no encontrar un punto de carga disponible; hoy las aplicaciones de recarga localizan en tiempo real los cargadores libres y permiten reservarlos, lo que reduce la ansiedad y anima a utilizar la red para desplazamientos interurbanos.
Al mismo tiempo, se detecta una ralentización en el número de sesiones: en 2024 el aumento de sesiones fue del 16 % y en 2025 incluso se observa un ligero retroceso respecto al año anterior. Esto no significa un retroceso del mercado, sino que se están realizando menos sesiones pero más largas. La recarga en destino (en hoteles, centros comerciales o aparcamientos) y la recarga en casa siguen siendo pilares complementarios. El usuario decide cuándo y dónde enchufar según el precio, la disponibilidad y la energía que necesita, y eso se traduce en usos más sofisticados de la red.
Si 2025 marca un punto de madurez, ¿qué viene después? La consolidación no debe inducir complacencia. La red crece, pero su distribución aún es desigual; ciertas zonas rurales y polígonos industriales carecen de alternativas, y los tiempos de autorización administrativa siguen siendo un cuello de botella. La diversificación tecnológica plantea retos de interoperabilidad y de integración con la red eléctrica: ¿están preparadas las infraestructuras para absorber un pico de recarga ultrarrápida durante una ola de calor? ¿Quién pagará la adaptación del sistema eléctrico para soportar cientos de megavatios simultáneos?
Los cambios de hábito, por su parte, obligan a replantear la experiencia de usuario. Si la energía por sesión sigue aumentando, será necesario mejorar las zonas de espera y servicios asociados para que el tiempo de carga sea productivo o, al menos, agradable. También habrá que revisar la estructura tarifaria: con el auge de la recarga ultrarrápida y la variabilidad del precio de la energía, los operadores necesitarán estrategias de tarificación dinámica que equilibren la rentabilidad con la fidelización de clientes. Y todo ello en un contexto de competencia creciente, donde nuevos actores (desde petroleras hasta grandes plataformas tecnológicas) aterrizan en el sector con propuestas agresivas.

Imagen 4. Notificación móvil de una promoción de tarifa dinámica, gestionada por EVcharge, gracias a la autoproducción de energía fotovoltaica y un sistema de almacenamiento en la estación.
La buena noticia es que el camino recorrido en la última década demuestra que es posible. La multiplicación de equipos, la aparición de tecnología puntera y la evolución del comportamiento de los usuarios son señales de una industria que aprende y se adapta. Si en 2016 la recarga pública parecía una aventura, en 2025 forma parte del paisaje urbano y rutero. La madurez no implica estancamiento; al contrario, nos brinda la oportunidad de dar el siguiente salto con una base sólida y con la experiencia acumulada. La movilidad eléctrica no ha hecho más que empezar, y lo mejor está por llegar.
Nota: Este artículo se basa en datos internos de la plataforma EVcharge de Etecnic y en cifras agregadas del sector. Por motivos de confidencialidad no se comparten valores absolutos; las referencias a multiplicaciones y tasas de crecimiento son aproximaciones calculadas a partir de las tendencias observadas. Nótese que los valores obtenidos que se reflejan están representados hasta agosto 2025.