Por May López, directora de Empresas por la Movilidad Sostenible
La igualdad no acompaña a la transición ecológica, la sostiene
La transición ecológica se ha convertido en uno de los grandes retos de nuestro tiempo y al mismo tiempo el gran proyecto transformador. Hablamos de energías limpias, de movilidad sostenible, de ciudades inteligentes, de biodiversidad, economía circular, eficiencia energética y de descarbonización, entre los grandes retos y también oportunidades.
Pero a la pregunta de si puede haber transición ecológica sin igualdad de género, La respuesta que emerge desde distintas voces de la movilidad, del sector energético y de la innovación empresarial, que forman parte de Empresas por la Movilidad Sostenible es clara: no puede haber transformación real si dejamos fuera a la mitad del talento.
Cuando el talento no tiene género: el ejemplo de Alimerka
Para Paula Díaz-Caneja, responsable de Medio Ambiente y Calidad de Alimerka, la igualdad “no es una opción ni un objetivo secundario, sino un pilar irrenunciable”. En un ámbito históricamente masculinizado como el transporte, recuerda que la menor presencia femenina nunca implica menor impacto. En Alimerka, ocho mujeres forman parte del departamento de transporte —tres como conductoras de gran tonelaje— liderando una flota sostenible referente por su apuesta por vehículos de GNL y eléctricos. El talento, insiste, no tiene género. Y cuando se aplica en selección, promoción y desarrollo profesional, la igualdad deja de ser discurso para convertirse en motor de cambio.
La transición requiere protagonistas
Desde el renting industrial, Mònica Escudé, Responsable de Marketing en Fraikin, afirma que “la transición ecológica no admite pasajeros; requiere protagonistas”. Ignorar el talento del 50% de la población es hacer funcionar el motor económico a media potencia. Integrar la diversidad, especialmente en operaciones e ingeniería, no es un gesto simbólico: es una palanca de eficiencia, innovación y rentabilidad. La transición que no es inclusiva, advierte, es simplemente una oportunidad perdida.
Técnicamente sí, pero no será justa ni duradera
En la misma línea, Ramona Martínez, Directora General de Etecnic, advierte que la transición ecológica puede avanzar técnicamente sin igualdad, pero no será justa ni duradera. Si no se corrigen desigualdades previas, los beneficios —empleos verdes, liderazgo— quedarán concentrados en perfiles masculinizados, debilitando el apoyo social imprescindible para sostener el cambio. Por eso, concluye, la igualdad no es un extra: es condición de durabilidad y eficacia.
Construir soluciones equitativas
Para Rocío González Berenguer, Communication & Marketing Manager de Moeve, la sostenibilidad no se limita al entorno ambiental: tiene un pilar social y feminista sin el cual los objetivos quedan incompletos. Sin igualdad de género no puede haber avance real, porque la transición debe eliminar desigualdades y dar visibilidad a todas las necesidades para construir soluciones equitativas.
Competitividad, eficiencia y liderazgo diverso
La dimensión estratégica la subraya Ana González, Directora de Desarrollo y Relaciones Institucionales de Movus. La transición, explica, redefine sectores, profesiones y espacios de decisión. Aprovechar todo el potencial en movilidad sostenible y empleos verdes no es solo equidad, sino competitividad y eficiencia. Cuanto más representativa sea la toma de decisiones, más sólida será la transformación.
Verde sin igualdad no es tan verde
Los datos respaldan esta urgencia. María Arribas, Directora General de Qaleon, recuerda que, según la International Renewable Energy Agency (IRENA), solo el 32% de los empleos a tiempo completo en renovables están ocupados por mujeres; el porcentaje baja al 28% en roles técnicos y al 19% en alta dirección. “Verde sin igualdad no es tan verde”, advierte. Puede haber una transición de escaparate que cambie las fuentes de energía sin transformar las estructuras de poder. Si no se interviene activamente en formación, orientación vocacional, eliminación de barreras y cultura organizacional, la revolución verde podría reproducir la arquitectura de la revolución industrial que pretende superar.
Movilidad sostenible con mirada diversa
Ángeles Roca, Gerente de Marketing y Desarrollo de Negocio de Alphabet España, recuerda que la sostenibilidad tiene tres pilares: ambiental, social y de gobernanza. Avanzar solo en uno de ellos es construir sobre un equilibrio frágil. En el caso de la movilidad no, esta no responde a un único patrón. Existen necesidades diversas vinculadas a la conciliación, la seguridad, la accesibilidad o la flexibilidad. Si las soluciones sostenibles no incorporan esa diversidad en su diseño, pueden ser eficientes ambientalmente, pero incompletas socialmente.
La diversidad como necesidad estratégica
En el ámbito logístico, Arianne Muñoz, Directora de Marketing y RSC en NACEX, es clara: “La transición ecológica solo será real si es inclusiva”. La experiencia demuestra que los equipos diversos están mejor preparados para innovar y acelerar el cambio hacia modelos más sostenibles. Integrar plenamente el talento femenino en los espacios de decisión es una necesidad estratégica.
Sin igualdad la transición pierde velocidad, justicia y eficacia.
La reflexión se amplía con Delia Gómez, Directora de Sostenibilidad e Impacto Positivo España y Portugal de L’Oréal, quien responde con un “NO rotundo”. No por corrección política, sino por eficacia. Sin la mitad del talento no hay excelencia ni innovación suficiente. Desde el histórico Nuestro futuro común, recuerda, sabemos que la sostenibilidad no es solo CO₂: es empleo, cuidados, salud, movilidad, educación, gobernanza y justicia social. Y en todos esos engranajes la desigualdad de género es estructural. Además, el 76% del trabajo de cuidados no remunerado recae globalmente en mujeres (según OIT y ONU Mujeres). Si no se redistribuye esa carga invisible, la transición puede fracasar no por falta de tecnología, sino por falta de equidad. Su mensaje es claro: la igualdad no es un complemento de la transición, es su condición estructural.
En definitiva, todas ellas coinciden en una convicción profunda: la igualdad no acompaña a la transición ecológica, la sostiene. No es un añadido, no es un gesto simbólico, no es una casilla que marcar. Es la estructura interna que determina si el cambio será superficial o verdaderamente transformador.
Quizá, entonces, la pregunta no sea si puede haber transición ecológica sin igualdad de género, sino qué tipo de transición queremos liderar. Una meramente tecnológica, que sustituya combustibles fósiles por renovables mientras mantiene intactas las viejas dinámicas de exclusión. O una transformación auténtica, capaz de revisar quién decide, quién diseña, quién lidera y quién se beneficia del nuevo modelo. Porque la conclusión es clara: la transición ecológica solo será sostenible cuando también sea justa. No basta con cambiar la energía; hay que cambiar las estructuras que organizan el poder, las oportunidades y el reconocimiento. No se trata de incorporar mujeres para cumplir cuotas, sino de asumir que la diversidad mejora las decisiones, anticipa riesgos, impulsa la innovación y fortalece la legitimidad social del cambio.
Si aspiramos a una transición profunda, duradera y coherente, la igualdad debe formar parte del motor que la impulsa. Y eso empieza por el ejemplo, por el reconocimiento del talento sin sesgos y por la decisión firme de no dejar a nadie fuera. Porque la igualdad no es complementaria: es el motor que garantiza que el cambio sea profundo, de impacto, legítimo y duradero.
Artículo publicado en el Especial 8M ¿Puede haber transición ecológica sin igualdad de género? de Diario Responsable. Puedes leerlo aquí.