A unos meses de las elecciones… ¿Cuántos de nosotros querríamos saber cómo ha evolucionado la calidad del aire de nuestras ciudades? ¿Es mejor el transporte público de mi ciudad que el de la ciudad de al lado? ¿Cómo las empresas de transporte y logística reducen su impacto ambiental en la ciudad?

Con la Ley de Cambio Climático y Transición Energética y el recién aprobado Real Decreto de Zonas de Bajas Emisiones, los municipios de más de 50.000 habitantes -y aquellos de más de 20.000 que no cumplan con los criterios de calidad del aire establecidos- van a tener que establecer ZBE y medir la distancia que hacen sus ciudadanos en transporte público, el tiempo que pasan en él, su ocupación, frecuencias, cobertura horaria o el grado de intermodalidad (facilidad para el trasbordo, disponibilidad de estacionamiento para bicicletas…). Los desplazamientos en automóvil particular, a pie, en bicicleta o en otros vehículos de movilidad personal.

También van a tener que medir cómo se realiza la distribución urbana de mercancías, si se hace o no con vehículos eléctricos, la cantidad de mercancía que se ha traspasado a modos de reparto más sostenibles como en bicicleta / cargociclos o andando.

Y es que, lo que no se mide no puede ser mejorado.

Gracias a ello, podremos analizar si los gestores de las ciudades y las empresas mejoran o empeoran esos datos; si aumentan las zonas verdes y cuántas hay por habitante; si mejora la eficiencia de las instalaciones públicas; qué uso hacen del suelo público y cuáles son las zonas de carga y descarga, entre otros datos. Pero sobre todo, podremos ver como tres indicadores claves como son la calidad del aire, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y los niveles de ruido mejoran en nuestras ciudades, porque las distintas medidas que se adopten tendrán que informar de los impactos en dichos indicadores que se esperan conseguir.

Si a esto le añadimos que en base a esos indicadores y los resultados obtenidos, las ZBE han de ser revisadas de forma periódica y que los ciudadanos y empresas seremos parte activa de la implantación y despliegue, además de medir para mejorar, la comunicación de los resultados, la comparativa con otros municipios y la puesta en común de buenas prácticas nos llevará a una mejora continua, que no nos olvidemos revertirá en la calidad del aire que respiramos.

Medir para mejorar y comunicar para avanzar

 

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