En su último discurso del Estado de la Unión, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha reclamado que Europa recupere el liderazgo industrial en automoción apostando por los e-car: coches eléctricos limpios, asequibles y fabricados en el continente. Pero hay un elemento del que apenas se está hablando y que resulta decisivo: su tamaño.
Una movilidad eléctrica que crece, pero con sombras
Según el recién publicado V Informe OBS sobre Movilidad Eléctrica, en 2024 se vendieron más de 17,3 millones de coches eléctricos en el mundo (+29%), y ya representan más del 20% de las ventas globales. Europa es responsable del 22% de esas matriculaciones, y España lideró el crecimiento en Europa en el primer semestre de 2025, en el que ya se han vendido más de 9 millones de vehículos eléctricos a nivel mundial.
Sin embargo, el impulso hacia una movilidad más sostenible convive con riesgos. Uno de los principales: la apuesta por SUV y vehículos grandes, que representan ya el 70% de la oferta en Europa. Esta estrategia encarece los precios, frena la accesibilidad y dispara el consumo de materiales estratégicos. Solo en 2024, se podrían haber ahorrado más de 7.000 toneladas de litio y cobalto y más de 38.000 de níquel si se hubiera priorizado la fabricación de coches de tamaño medio. Además, al ser vehículos más pesados, también tienen un mayor consumo de electricidad y de materiales como hierro y acero, aluminio y plásticos, lo que genera una mayor huella ambiental y de carbono durante la producción, el procesamiento y el ensamblaje.
No en vano, la industria del automóvil en la UE fue el principal consumidor de aluminio (42%), magnesio (44%), metales del grupo del platino (63%), caucho natural (67%) y tierras raras (30%) en 2024 y se espera que siga en crecimiento. De ahí que también sea crucial fomentar la economía circular desde el diseño del vehículo, además de asegurar un suministro ético y sostenible de las materias primas.
A esto hay que añadir el impacto en el encarecimiento del vehículo. Si bien las ayudas gubernamentales han intentado mitigar el coste de los vehículos eléctricos, el precio sigue siendo una gran barrera para su adopción masiva. Las cifras son contundentes: mientras casi una cuarta parte de los vehículos de combustión disponibles en Europa en el 2024 se vendían por menos de 30.000 euros, esta cifra solo aplicaba a un escaso 5% de los modelos eléctricos. Una estrategia de los fabricantes centrada en modelos premium y de gran tamaño, con mayor margen de beneficio, que limita significativamente el acceso de los consumidores a la transición hacia la movilidad eléctrica.
Sin embargo, solo el 25% de los más de 400 lanzamientos esperados durante el período 2024-2028 son modelos pequeños y medianos. Y si nos centramos en el mercado europeo, se prevé que sólo 23 de los 140 modelos adicionales que entrarán en el mercado este año sean eléctricos pequeños (segmento A y B), es decir, solo un 15% del total de lanzamientos en el mercado europeo. De ahí que cada vez más países estén poniendo foco y desincentivando los vehículos grandes e incentivando la compra de vehículos pequeños y que la UE esté poniendo el foco en este tema.
Europa pierde terreno frente a Asia
China consolida su dominio en movilidad eléctrica: en 2024 fabricó el 70% de los vehículos eléctricos mundiales, exportando un 40% del total. Sus fabricantes lideran también la cadena de suministro, refinando el 90% de las tierras raras y procesando dos tercios de los minerales críticos.
Mientras Europa sigue centrada en modelos grandes y caros, pero más rentables para los fabricantes, En este contexto, España perdió en 2024 la 8ª posición como productor mundial de vehículos en favor de Brasil, que se vió impulsado por un fuerte crecimiento de la producción de VE y por el posicionamiento de fabricantes chinos. Así, Alemania y España —los únicos países europeos en el top 10— ven reducida su cuota global.
De hecho, España sigue retrocediendo en la fabricación de vehículos eléctricos puros (BEV) en el primer semestre 2025 (-20,6%), descenso que se acumula al -27,1% del 2024, encaminando su producción hacia los HEV (híbridos no enchufables) que, según establece Fit for 55, dejarán de matricularse en la UE -destino del más del 90% de las exportaciones de España- en 2035.
La oportunidad de los coches eléctricos pequeños
Si Europa quiere ser competitiva, no basta con movilizar inversiones (como los 1.800 millones anunciados por la Comisión para baterías). Hay que repensar el modelo de vehículo:
- Más pequeños, ligeros y eficientes.
- Más asequibles para los consumidores.
- Menos dependientes de materias primas críticas.
- Capaces de reducir emisiones de forma real en el transporte, que aún representa el 32,5% de las emisiones en España y el 26% en la UE.
Y es que es una realidad que la movilidad eléctrica es ya imparable y está generando beneficios claros en reducción de emisiones y mejora de la calidad del aire. Pero el reto no es solo electrificar, sino hacerlo de manera inteligente: apostar por coches eléctricos pequeños y eficientes, que permitan a Europa competir en igualdad de condiciones, reducir su dependencia de China y garantizar una transición sostenible y justa para todos.