Como cada año, el 24 de octubre se conmemora en todo el mundo el Día Internacional contra el Cambio Climático, una iniciativa apoyada por la ONU que tiene el objetivo de concienciar de los grandes daños que se están generando como consecuencia del cambio climático en todo el planeta.
Naciones Unidas define el cambio climático como una variación a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos. Esta variación puede ser natural o provocada por el ser humano y, actualmente, nos encontramos en este segundo escenario
De hecho, existe un Objetivo de Desarrollo Sostenible, el ODS 13 ‘Acción por el clima’, enfocado a adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.
CAMBIO CLIMÁTICO
Uno de los indicadores clave para medir el cambio climático es la concentración de Gases de Efecto Invernadero (GEI), expresados como CO2eq.
Y es que, aun existiendo un compromiso de neutralidad climática fijado, tanto por parte de países como de organizaciones referentes, las emisiones globales de CO2 alcanzaron un máximo histórico en 2022. En parte porque las emisiones de CO2eq relacionadas con la energía volvieron a aumentar en 2022 (+2,5 %), a un ritmo más del doble que en el periodo de 2010-2019 (+1 %/año) a pesar de la desaceleración económica mundial.
En este contexto, el transporte tiene un gran impacto. En concreto, las emisiones del transporte representan una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE, siendo el único sector que ha crecido desde 1990.
Según los últimos datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), el transporte en España representó el 29,6 % del total de las emisiones en 2021, un incremento del 16% respecto al año anterior, y del 46% respecto al año 1990. El transporte por carretera representó el 27,8 % del total (+15% vs 2020, +56 % vs 1990). Los turismos supusieron el mayor emisor con un 64% de las emisiones del transporte terrestre, (+73 % vs 1990) mientras que los vehículos pesados, vehículos ligeros y motocicletas representaron un 25%, 8% y 2% del total de emisiones del transporte terrestre respectivamente.

Figura extraída del III Informe sobre Movilidad Eléctrica en España
Al mismo tiempo, las emisiones del transporte aéreo nacional y la navegación doméstica (0,8 % y 1 % del total de las emisiones, respectivamente), también registraron un aumento en sus emisiones respecto al año anterior (+43,4 % y +13,5 % respectivamente), según datos de la Edición 2023 del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
Es por esto que la descarbonización del transporte se presenta como un eje clave en los objetivos de neutralidad climática para 2050.
Con la revisión del Plan Nacional de Energía y Clima PNIEC (2023-2030), la descarbonización de la sociedad debe realizarse en todas las actividades humanas que contribuyen al calentamiento global y al cambio climático, incluyendo el transporte de personas y mercancías. Reducir o eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero, buscando una menor dependencia de combustibles fósiles, como el petróleo, el carbón y el gas natural, que liberan grandes cantidades de CO2 cuando se queman y con ello una reducción de la dependencia energética con el exterior que minimiza los efectos negativos de la elevada volatilidad de los mercados de combustibles fósiles. En la actualidad el grado de dependencia de España es del 73% y según las previsiones de la revisión del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) se situará en el 51% en 2030.
Para el periodo de obligación vigente, 2021-2030, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha realizado una previsión en la que se espera que sea el sector transporte el que contribuya en mayor medida al objetivo de ahorro de energía final acumulado para el periodo 2021-2030, asignándole un objetivo de ahorro de 19 Mtep lo que representa el 36% del objetivo acumulado de ahorro de energía en el periodo. Un objetivo de reducción que implica eliminar una de cada tres toneladas de gases de efecto invernadero que se emiten actualmente.
Y es que solo con prestar atención a cómo nos movemos y cómo pedimos a otros que se muevan, podemos contribuir a minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero y con ello el impacto en el cambio climático.