El Summit 2026: Impulsando la Movilidad Sostenible desde las Empresas ofreció dos intervenciones que pusieron el foco en un aspecto clave de la sostenibilidad corporativa: el papel del transporte en todas sus dimensiones. Desde el desplazamiento diario de los empleados hasta la logística de mercancías, las ponencias de Dilmer Alvarado, Marketing Manager de BusForFun, y Alberto Gil, Team Leader Energy Management & Sustainability de DACHSER, invitaron a repensar responsabilidades, estrategias y prioridades dentro de las organizaciones.
El commuting: el Scope 3 más ignorado de las empresas
Por un lado, Dilmer Alvarado centró su intervención en una realidad tan cotidiana como ignorada: el commuting o desplazamiento al trabajo. Bajo el título “El commuting: el Scope 3 más ignorado de las empresas”, planteó una reflexión clara y directa: la movilidad al trabajo sigue siendo un fenómeno invisible para muchas empresas, a pesar de su impacto real en la sostenibilidad, la eficiencia y la vida cotidiana de las personas. Tomando como punto de partida una conversación con un industrial situado a 30 kilómetros de Madrid, expuso una realidad frecuente: “muchas organizaciones deben cumplir con la normativa de movilidad sostenible, pero carecen de datos concretos sobre cómo se desplazan sus empleados y, por tanto, no pueden gestionar adecuadamente esa dimensión”.
A partir de ahí, subrayó que la movilidad laboral rara vez ocupa el lugar que debería en la estrategia empresarial. “Mientras las compañías dedican esfuerzos a optimizar la energía, la cadena de suministro o los procesos de descarbonización, pocas incorporan la movilidad de sus trabajadores en sus informes de sostenibilidad o en sus prioridades de gestión. Sin embargo, los desplazamientos diarios, especialmente en entornos metropolitanos, suponen tiempos prolongados, congestión, dificultad de acceso y una huella ambiental que condiciona tanto la experiencia de los empleados como el rendimiento general de la organización”.
En este contexto, defendió la necesidad de un cambio de marco mental. Para Alvarado, el transporte al trabajo no debe entenderse como una cuestión puramente individual, sino como una responsabilidad colectiva y una infraestructura corporativa de primer orden. “El commuting influye en la atracción y retención del talento, en la motivación con la que las personas llegan a sus puestos, en la calidad de vida y, por supuesto, en los objetivos de sostenibilidad de la empresa”.
Desde la experiencia de su compañía, explicó que el reto pasa por medir, comprender y gestionar esta realidad con datos reales. “En BusForFun trabajamos precisamente en este cambio de paradigma, ayudando a empresas y zonas industriales a diseñar e implementar planes de movilidad que aporten información tangible y útil para la estrategia de negocio”.
Como idea de cierre, insistió en que las empresas no pueden obviar este ámbito, aunque no controlen todos los elementos del entorno. “Aparcamientos, accesos y autovías forman parte del contexto operativo y afectan directamente a la actividad. Por ello, gestionar la movilidad al trabajo debe asumirse como una palanca empresarial clave para la eficiencia, la sostenibilidad y el futuro”.
Las emisiones del transporte: ¿suyas… o nuestras?
En una línea complementaria, Alberto Gil abordó el transporte desde la perspectiva de la logística y la cadena de suministro. Bajo el título “Las emisiones del transporte: ¿suyas… o nuestras?” centró su intervención en el papel decisivo que puede desempeñar el transporte por carretera en la reducción de emisiones y, sobre todo, en la responsabilidad compartida que tienen empresas, administraciones y clientes dentro de esta transformación. “Aproximadamente una de cada cuatro toneladas de emisiones de la industria europea procede del transporte por carretera, lo que sitúa a este ámbito como un espacio de actuación prioritario para avanzar hacia una movilidad más sostenible”.
Al referirse específicamente al transporte de mercancías por carretera, señaló que este representa en torno al 5% de las emisiones. Sin embargo, insistió en que estas emisiones no deben atribuirse únicamente al transportista, al fabricante del camión o al proveedor de combustible. “Toda la cadena de valor forma parte del problema y, por tanto, también de la solución: desde la empresa que contrata el transporte hasta el cliente final que adquiere los productos. El cambio comienza en una pregunta fundamental: quién decide realmente qué camión circula. Y la respuesta es clara: quien contrata el transporte”.
A partir de esta premisa, defendió la necesidad de incorporar la sostenibilidad como criterio de compra junto al precio y la calidad. “Las empresas tienen que empezar a exigir información concreta a sus proveedores logísticos: cómo pueden reducir las emisiones del servicio, si disponen de flotas modernas y eficientes, si utilizan camiones eléctricos o si optimizan sus operaciones para transportar más mercancía con menos emisiones, evitando viajes en vacío o aprovechando mejor la capacidad de carga”.
Gil abordó también una de las objeciones más habituales: la rentabilidad de la sostenibilidad. “Las principales instituciones financieras ya han concluido que no actuar frente a los impactos económicos del cambio climático resulta más costoso que iniciar la transición ahora, siempre que ésta se realice de forma gradual, ordenada y previsible”.
Por último, rechazó que la tecnología sea hoy la principal barrera. “Las soluciones ya existen y están operativas, como los camiones eléctricos o los biocombustibles. Desde su experiencia en DACHSER, concluyó que “el verdadero freno no es tecnológico, sino la falta de colaboración. Las empresas que integren la sostenibilidad en sus decisiones serán las mejor preparadas para el futuro”.
Puedes ver el vídeo de la intervención de Alberto Gil aquí:
Ambas intervenciones, aunque centradas en ámbitos distintos —el desplazamiento de personas y el transporte de mercancías—, convergen en una misma idea: la movilidad no puede seguir siendo un elemento periférico en la estrategia empresarial. Tanto el commuting como la logística forman parte del Scope 3 y, por tanto, de la responsabilidad ampliada de las organizaciones. En ambos casos, la clave pasa por medir, tomar decisiones informadas y, sobre todo, asumir un papel activo en la transformación.
El SUMMIT 2026: Impulsando la Movilidad Sostenible desde las Empresas, volvió a reunir a representantes institucionales, expertos y empresas para analizar el papel del sector privado en la transformación de la movilidad. Se estructuró en diferentes bloques temáticos (Bloque Administración, Bloque Visión y Bloque Inspiracional) con distintas intervenciones, como la de Núria Pous, directora general de Anthesis España y Portugal, y Rui Stoffel, CEO y fundador de BUSUP, la de David García Mancera, responsable de nuevas energías de Moeve, y Ester Mateu, directora de Calidad y Sostenibilidad de NACEX o la de Javier Lázaro, Director Comercial de XCharge Europe y Carlos Carmona, Director de Desarrollo de Qwello. También contó con un evento satélite MDF26 celebrado el 18 de febrero centrado en el diseño estratégico de las ciudades.
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