Con la revisión del Plan Nacional de Energía y Clima PNIEC (2023-2030), se espera que el sector de transporte sea el sector que más contribuya a los objetivos de ahorro energético. De hecho, tiene asignado un objetivo de ahorro de 19 Mtep, lo que representa un 36% del objetivo acumulado de ahorro de energía en el periodo 2021-2030. Un objetivo ambicioso, pero ¿es la movilidad sostenible un reto o una oportunidad?

Aunque existe un compromiso de neutralidad climática fijado, tanto por parte de países como de organizaciones referentes, las emisiones globales de CO2 alcanzaron un máximo histórico en 2022. No en vano, las emisiones de CO2 relacionadas con la energía volvieron a aumentar en 2022 (+2,5 %), a un ritmo más del doble que en el periodo de 2010-2019 (+1 %/año) a pesar de la desaceleración económica mundial.

Recientemente publicábamos el III Informe OBS Business School: “La movilidad eléctrica en España” donde se recogían estos y otros datos relevantes. Por ejemplo, las emisiones del transporte representan ya una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE, siendo el único sector que ha crecido desde 1990. Dato preocupante al que se suma el hecho de que más del 90% de la población urbana europea ha estado expuesta a concentraciones de partículas finas y óxidos de nitrógeno por encima del valor de referencia de la OMS. Dos de los factores ambientales claves por lo que la movilidad sostenible comienza a ser prioritaria en todas las agendas políticas.

A nivel nacional, la cuota es aún mayor. del mismo informe se obtiene, que según los últimos datos del ministerio, el transporte en España representó el 29,6 % del total de las emisiones en 2021, un incremento del 16% respecto al año anterior, y del 46% respecto al año 1990. Del total del transporte, el transporte por carretera representó el 27,8 % del total, lo que supone un incremento del 15% desde el 2020, pero del 56 % si lo comparamos con los datos de 1990. Y si focalizamos dentro del transporte por carretera el impacto de los turismos, estos supusieron el mayor emisor con un 64% de las emisiones del transporte terrestre, lo que representa un incremento de un 73 % desde 1990.

Mientras, los vehículos pesados, vehículos ligeros y motocicletas representaron un 25%, 8% y 2% del total de emisiones del transporte terrestre respectivamente. Sin embargo hay un factor clave sobre el que incide la movilidad sostenible más allá del impacto ambiental como es la oportunidad de posicionar la movilidad sostenible como la herramienta clave para alcanzar una mayor independencia energética como país e incluso a nivel individua y minimiza los efectos negativos en la economía y en la competitividad de la elevada volatilidad de los mercados de combustibles fósiles.

Con la revisión del Plan Nacional de Energía y Clima PNIEC (2023-2030), la descarbonización comienza a coger un mayor protagonismo en todas las actividades y el sector del transporte, de personas y mercancías, por su alta dependencia de los combustibles fósiles, no podía quedarse fuera. En la actualidad el grado de dependencia energética en España (SP) es del 73% y se espera según la revisión del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), se sitúe en el 51% en 2030. Un objetivo que se conseguirá a través de diferentes medidas y donde se espera que el sector del transporte sea el que más contribuya (36%) al objetivo de ahorro de energía final, evitando 19 Mtep a nivel Nacional entre 2021 y 2030, de las cuales el 34% se conseguirá con la implantación de las Zonas de bajas emisiones y movilidad urbana sostenible y otro 15% mediante el impulso de la movilidad eléctrica. La Estrategia de Movilidad 2030 a nivel nacional busca integrar esta visión global para alcanzar un sistema de transporte más sostenible y eficiente. Una estrategia que se apoya en los tres principios básicos que le dan nombre: Seguridad, Sostenibilidad y Conectividad, siendo la eficiencia energética uno de los factores claves del segundo principio para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, mejora de la calidad del aire, promoción de la salud y el bienestar de la población, además del fomento de un modelo de movilidad más equitativo y accesible.

No en vano, una movilidad sostenible más eficiente, nos ayudaría a reducir o eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero, los impactos en la calidad del aire, a alcanzar una mayor independencia de combustibles fósiles y con ello una reducción de la dependencia energética con el exterior, haciendo que esta sea más accesible para las organizaciones y los ciudadanos. Pero, alcanzar estos objetivos, ¿se plantea como un reto o una oportunidad?

 

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