Cómo nos movemos está haciendo que mejore el aire que respiramos. Tanto a nivel europeo como nacional, los índices de calidad del aire comienzan a mejorar gracias a la apuesta por la movilidad sostenible. De hecho, se ha conseguido reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno y de partículas finas (PM2,5) generadas por el transporte a nivel nacional en un 6% y un -14,5% respectivamente, según indican los últimos datos disponibles de España y recogidos en el IV Informe OBS sobre Movilidad Eléctrica en España.
Sin embargo, tal como recoge el mismo informe, más del 93,3% de las zonas de España superarían los nuevos valores de referencia de calidad del aire de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En este contexto, el Consejo Europeo ha adoptado recientemente de manera formal una Directiva revisada que establece límites y valores objetivos de calidad del aire más estrictos que deben alcanzarse de aquí a 2030. Directiva que contribuirá al objetivo de <<contaminación cero>> fijado para 2050 y a prevenir muertes prematuras debido a la contaminación atmosférica.
Y es que la contaminación atmosférica es el mayor riesgo ambiental para la salud en Europa, ya que los contaminantes pueden ser extremadamente perjudiciales tanto para las personas como para el medio ambiente. De hecho, cada año se producen en Europa unas 300.000 muertes prematuras debidas a la contaminación atmosférica.
Por ello, la nueva Directiva europea se alinea con las directrices de la OMS y afecta a contaminantes como las partículas PM10 y PM2.5, el dióxido de nitrógeno (NO2) y el dióxido de azufre (SO2), que provocan problemas respiratorios y donde el transporte tiene gran incidencia. Por lo que es todo un reto involucrar a la sociedad en una movilidad más sostenible, saludable y eficiente para cambiar el rumbo de nuestras ciudades y mejorar la calidad de vida de las próximas generaciones.
También la nueva Directiva europea establece que los Estados miembros deben garantizar que la ciudadanía tenga derecho a reclamar cuando su salud se vea perjudicada en caso de infracción de esta normativa de calidad del aire. De hecho, los ciudadanos afectados de la UE podrán solicitar una indemnización.
“Con la nueva directiva europea, la calidad del aire adquiere un mayor protagonismo. Además, su incumplimiento también supone un mayor riesgo al abrir la posibilidad de las sanciones por incumplimiento y las indemnizaciones a reclamaciones particulares. Una situación que posiciona la implementación, despliegue y gestión de las zonas de bajas emisiones (ZBE) como herramienta clave de prevención y mitigación de riesgos”, asegura May López, directora de Desarrollo de Empresas por la Movilidad Sostenible.
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