Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) ocupan un lugar central en el debate sobre movilidad urbana. Sus restricciones generan preguntas sobre salud, actividad económica, acceso a las ciudades y alternativas de transporte. Pero reducir las ZBE únicamente a las limitaciones al vehículo privado significa quedarse solo con una parte de la historia.
Porque una Zona de Bajas Emisiones puede ser mucho más que un área donde se restringe el acceso a determinados vehículos. Puede convertirse en una herramienta para conocer mejor cómo funciona una ciudad, medir sus avances y tomar decisiones que mejoren la calidad del aire y la movilidad de sus habitantes.
En España, además, su implantación responde a una obligación legal. En Europa, el marco es más amplio: se fijan objetivos ambientales y de calidad del aire, pero se deja margen a los Estados y a las ciudades para decidir cómo alcanzarlos.
Bruselas fija los objetivos, pero no impone un único modelo de ZBE
La referencia europea más reciente es la Directiva (UE) 2024/2881, sobre calidad del aire ambiente. Esta norma endurece los valores límite de varios contaminantes para 2030. Por ejemplo, el máximo de concentración media anual de dióxido de nitrógeno (NO₂) pasa de 40 a 20 microgramos por metro cúbico, mientras que el de partículas finas PM2,5 se reduce de 25 a 10.
Son objetivos vinculantes, acompañados de mecanismos de planificación y seguimiento. Los Estados miembros deberán incorporar la Directiva a su ordenamiento a más tardar el 11 de diciembre de 2026 y prepararse para cumplir los nuevos límites de 2030.
¿Y las ZBE? La Directiva las menciona expresamente en su anexo VIII, pero dentro de una lista indicativa de posibles actuaciones. Junto a ellas aparecen el refuerzo del transporte público, los desplazamientos a pie y en bicicleta, la movilidad compartida o la distribución de mercancías con vehículos menos contaminantes.
No existe, por tanto, una obligación europea general de crear ZBE siguiendo un mismo modelo. Bruselas establece objetivos de calidad del aire y exige actuar cuando estos no se cumplen, pero deja margen a los Estados y a las autoridades competentes para diseñar una combinación eficaz de soluciones.
España convierte las ZBE en una obligación municipal
En España, la Ley 7/2021 de cambio climático y transición energética estableció la obligación de implantar Zonas de Bajas Emisiones antes de 2023 en los municipios de más de 50.000 habitantes, los territorios insulares y aquellos municipios de más de 20.000 habitantes que superen determinados valores límite de contaminación. El Real Decreto 1052/2022 estableció los requisitos mínimos que deben cumplir estas zonas, como la delimitación del área, objetivos ambientales cuantificables, sistemas de seguimiento y restricciones en función del potencial contaminante de los vehículos.
A fecha de hoy, según los datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, 82 municipios comunican tener su ZBE vigente, mientras que 73 la tienen en trámite y otros 14 están pendientes de desarrollo o todavía no han comunicado al Ministerio el inicio de su implantación.
La reciente modificación del Real Decreto 1052/2022, aprobada por el Consejo de Ministros el pasado 3 de noviembre de 2026, busca precisamente reforzar la aplicación efectiva de estas zonas, evitando que las implantaciones se prolonguen indefinidamente sin restricciones activas. Para ello, se refuerzan aspectos como la acreditación de la entrada en vigor de las medidas, su control y seguimiento y el régimen sancionador.
Por tanto, una ZBE no debería entenderse únicamente como una delimitación geográfica o una restricción de acceso, sino como una herramienta que debe contar con objetivos, indicadores y mecanismos de seguimiento que permitan comprobar sus resultados.
Mirar más allá del acceso al vehículo privado
Esta perspectiva permite ampliar el debate. Una ZBE puede utilizarse para analizar qué ocurre en una ciudad antes, durante y después de su implantación: cómo evoluciona la calidad del aire, qué sucede con el tráfico, cómo cambia el uso del transporte público o qué alternativas tienen los ciudadanos para desplazarse.
Por eso, hablar de ZBE también es hablar de indicadores y gestión urbana.
La calidad del aire es uno de ellos, pero no el único. También pueden analizarse variables como la superficie y disponibilidad de zonas verdes por habitante, la ocupación media del transporte público, los desplazamientos a pie y en bicicleta, la evolución del tráfico, el ruido, la accesibilidad o la distribución urbana de mercancías.
El objetivo no es acumular datos, sino utilizarlos para responder a preguntas concretas: ¿están funcionando las medidas? ¿Dónde hay margen de mejora? ¿Qué alternativas de movilidad necesitan reforzarse? ¿Cómo está cambiando el comportamiento de los ciudadanos y las empresas?
En este sentido, las ZBE pueden convertirse en una herramienta de gestión y mejora continua de las ciudades, siempre que exista un sistema adecuado de indicadores, seguimiento y evaluación.
El propio Real Decreto 1052/2022 establece la necesidad de definir objetivos cuantificables y realizar un seguimiento de los resultados. Y el MITECO dispone de un mapa interactivo que permite consultar la situación de las ZBE en España y diferenciar entre zonas vigentes, en trámite y pendientes.
Una Europa que también pide planificar y medir
La normativa europea no se detiene en los límites de contaminación. El Reglamento (UE) 2024/1679 exige que los nodos urbanos incluidos en la red transeuropea de transporte dispongan de planes de movilidad urbana sostenible antes de finales de 2027.
Además, la Comisión Europea está avanzando en la recopilación de indicadores comparables de movilidad urbana relacionados con sostenibilidad, seguridad y accesibilidad.
La dirección es clara: planificar, actuar y medir los resultados.
Desde esta perspectiva, las ZBE forman parte de una transformación más amplia de la gestión de la movilidad urbana. No se trata únicamente de decidir qué vehículos pueden entrar en una determinada zona, sino de analizar cómo se mueve una ciudad y qué medidas pueden hacerla más saludable, accesible, eficiente y sostenible.
De la obligación a la oportunidad: compartir soluciones y casos de éxito
Precisamente con este enfoque nació Toolbox ZBE, una iniciativa impulsada por Empresas por la Movilidad Sostenible para facilitar la implantación y mejora de las Zonas de Bajas Emisiones y de las Zonas de Especial Sensibilidad.
La plataforma reúne soluciones, experiencias y casos de éxito que pueden servir de referencia a los municipios y a otros agentes implicados en el diseño de estas zonas. El objetivo es compartir conocimiento y facilitar la toma de decisiones, aprovechando experiencias que ya han sido desarrolladas en diferentes ciudades.
Esta visión también estará presente en la actividad organizada por Empresas por la Movilidad Sostenible en el marco de CONAMA, “Zonas de Bajas Emisiones: mirando más allá del acceso al vehículo privado”. El encuentro reunirá a representantes de administraciones, empresas y expertos para compartir experiencias de implantación y soluciones aplicadas en municipios como Madrid, Barcelona y Torrejón de Ardoz, además de abordar cuestiones como la electrificación de flotas, el transporte público, la micromovilidad o la distribución urbana de mercancías.
La iniciativa zonasdebajasemisiones.com nace precisamente con ese propósito: poner a disposición de los distintos agentes información, soluciones y experiencias que ayuden a avanzar en la implantación de las ZBE y, sobre todo, a hacerlo de una manera útil para las ciudades.
Porque el reto no es que los municipios cumplan una obligación administrativa. Es que esa obligación se traduzca en mejores ciudades.